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29 may. 2012

Evolución del mercado interno colonial americano


La planificación del crecimiento y orden colonial planteada por la Corona española en América, fue de corta duración. La minería transformó todo en un caos.

Desde la Metrópoli se establece al principio de la colonia un orden sensato y con miras a un crecimiento lento pero prolijo de la sociedad española americana, desde su punto de vista.
Se trataba sobre todo, de un aggiornamiento de los sistemas de trabajo y propiedad que Europa había vivido en los anteriores cientos de años, de tipo feudal.
La propiedad dependería del servicio continuado de los colonos, y el vasallaje estaría dado por los indígenas, con sus labores y servicios.
Según el pensamiento que traían los conquistadores, la principal riqueza era la propiedad de la tierra.




Organización primigenia de las Indias Occidentales
Éste fue el primer choque cultural que sufrieron los colonizadores, pues grandes extensiones carecían de valor si no tenían mejoras y población que las hiciera producir.
Debido a esto es que en casi todo el territorio americano, el trabajo indígena se estructura en encomiendas, con servicios de mita para acciones específicas. En unos pocos lugares, muy pacíficos y con organización social estable, se incluye el yanaconazgo, y en zonas como el Paraguay, donde los indios se someten a voluntad y gratuitamente, se establecen reducciones.
Primero, la propiedad de la tierra se obtuvo por donación de la Corona, luego por compra, pero sólo lo podían hacer los conquistadores, los pobladores, los beneméritos de las Indias y sus descendientes.
Siguiendo la estructura de pensamiento feudal, en regiones como Buenos Aires y el litoral de los ríos Paraná-Del Plata, se establecen zonas comunitarias de pastoreo, administradas por los Cabildos, y de uso gratuito. En Salta surgen Marquesados (como el de Yaví), pues hay en cercanías tribus belicosas.
En lugares como Cuyo, se hace conveniente repartir más a los indígenas que la tierra, por lo cual no se dan casos de latifundios. Y por último, quedan en las zonas limítrofes a tribus salvajes, territorios militarizados llamados Capitanías, cuyo objetivo era defender a los pobladores y reducir a los indígenas a la Corona.

Aparece la minería como principal actividad de desarrollo
Todo se encontraba previsto para un crecimiento armonioso de cada zona, en concordancia con el resto, hasta el desarrollo de la minería.
La conjunción del descubrimiento de inmensos yacimientos de plata en zonas de Nueva Granada (México) y el Alto Perú (hoy Bolivia), unido a la técnica del tratamiento con azogue en 1560, y la disponibilidad de mano de obra mitaya para la explotación, cambia el orden y el ritmo de toda la colonia.
La explicación básica es económica. Europa necesitaba metales preciosos para remonetarizarse luego de un milenio de trueque, para comerciar internamente y al exterior con otras potencias continentales. En esta coyuntura, la plata se encontraba sobrevaluada respecto del oro, en 10 a 1, durante el siglo XVI. Dio pie al establecimiento de una costosa infraestructura de extracción minera, la mayor hasta esa época.
Esto produjo un mercado interno en las colonias prácticamente destinado a satisfacer en primer lugar los centros mineros, y si quedaba margen, otras zonas. Dio lugar a que grandes áreas de Sudamérica y Centroamérica quedaran discriminadas o poco atendidas.
La América colonial española necesitaba autoabastecerse, además de enviar minerales valiosos a España. Se desarrollan así industrias tales como la cría de mulas en Buenos Aires y la invernada de ellas en su paso al Alto Perú en Salta, por su importancia en el traslado de cargas a gran altura.
Debido a su proximidad relativa de los centros mineros, en el norte del actual territorio argentino se desarrollaron producciones como cereales, ganados, tejidos de lana y algodón en el Tucumán, harina y vestimenta en Córdoba, también ropas y jabón en Santiago del Estero, vino y aguardiente en La Rioja, y muchas cosas más. Todo era pagado con plata certificada por la Casa de Moneda de Potosí, lo cual interesaba mucho, pues era una moneda de curso legal en todo el Imperio y el mundo, y permitía comprar los pocos productos que no podían fabricarse en América, tanto a España, en comercio legal, como de otros países, aprovechando el contrabando.

La economía deja su equilibrio, crece en distintos niveles y regiones
Es por todo esto, que la economía crece durante la colonia, en varios niveles. En el consumo diario, se continúa durante bastante tiempo con el intercambio de servicios o trabajo servil, tanto de indígenas como de esclavos, que abastecen a sus encargados de los productos locales casi sin costo. Además, se continúa con el usufructo de propiedades comunales, impuestos nulos hasta casi terminar el siglo XVIII para blancos y criollos, y la continuación de la caza, recolección y pesca de consumo familiar sin restricciones.
A nivel regional, se mantiene el trueque, creándose rutas de intercambio de excedentes locales, aprovechando los envíos de productos a los centros mineros, y completando de esa manera, las necesidades de consumo de las poblaciones. Quien poseyera una tropa de carretas, tenía la riqueza asegurada.
Por último, y a escala continental y mundial, se encontraba el intercambio de productos por moneda metálica en los centros mineros, que ingresaba al mercado para la compra de bienes no americanos, tanto de la Metrópoli como del contrabando.



Conclusión
La perfecta armonía de las partes y el lento pero parejo crecimiento planificado en un principio desde la Corona española para sus posesiones en América, fue avasallado por la explotación minera, quien desarrolló necesidades voraces de productos que no podía producir por sí misma. A ese desarrollo equilibrado y autónomo de tipo feudal originariamente previsto, lo supera rápidamente una economía moderna, capitalista y especializada, desequilibrada a favor del sector minero y la exportación a Europa.
Durante todo el periodo colonial, todos los modos de producción e intercambio conviven entre sí, en un nudo de relaciones muy complejas y variadas.


Salutem, cives mundi.
Orlando Ampuero

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