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29 may. 2012

Carretas de bueyes de la pampa argentina colonial


Carreta bueyes S.XVIII, modelo a escala 1:20 Tanmatra Models

Transporte de carga de los s XVII y XVIII, que no ha dejado ejemplares en los museos, y se las conoce sólo por descripciones de viajeros de la época.

Varios extranjeros visitantes hablaron de las carretas de bueyes que se utilizaban en la pampa argentina, durante la época colonial y comienzos de la independencia. Gracias a esos viajeros que han dejado registro escrito, como Concolorcorvo y Alonso Carrió de La Vandera, Darwin o Francisco Millau, existen descripciones de ellas.
Les llamaba mucho la atención, pues les parecían “barcos de la pampa”. Los pastizales generalmente tapaban a los bueyes, y a lo lejos los toldos de las carretas parecían navegar por un interminable mar verde.


Carretas de bueyes, los barcos de las pampas
Respecto a la descripción, todos los testigos coinciden en considerarlas estructuras altas e inestables, simples cajas de madera, con toldo envuelto en cueros con el pelo hacia afuera, sobre un eje con dos ruedas también forradas con tiento. El metal es demasiado costoso en esta época, se lo comienza a utilizar para llantas de carretas recién a mediados del siglo XIX.
Este alto y oscilante cajón techado, llevaba al frente una vara central, a la cual se uncían de tres a cuatro pares de bueyes yugados, que permitían al vehículo moverse durante casi toda la jornada, viajando alrededor de 25 a 30 kilómetros por día (5 o 6 leguas). Esta velocidad es muy baja, pero las bestias mostraban su valer en las pendientes y en el barro, situaciones en las cuales su empuje era fundamental. Estas distancias recorridas por día, quedaron tan arraigadas, que la mayoría de los pueblos y estaciones ferroviarias de la provincia, mantuvieron esa separación.

El cuero, material útil para todo servicio
Los cueros que se utilizaban eran de un vacuno que se encuentra extinguido, la llamada en esa época “vaca careta”, cuyo pelaje era de fondo marrón claro con manchas marrón oscuro, y testuz generalmente sin manchas. Su origen proviene de las vacas “cimarronas” o salvajes, que los primeros conquistadores dejaron libres, y se habían multiplicado por toda la región continental. Fue reemplazada por razas europeas que terminaron haciéndola desaparecer.
Tal es la cantidad existente de cimarronas, que a esta época de la Colonia se la llama “Edad del cuero”, y eso explica su uso para todas las necesidades.

La vida de las carretas, de su fabricación a su reciclado
Las carretas de bueyes coloniales se fabricaban en las provincias de Santiago del Estero, Salta o Córdoba, zonas donde crecían naturalmente árboles de madera muy dura, resistente e imputrescible (ñandubay, lapacho y quebracho), y llegaban a las pampas como consecuencia del intercambio comercial básico de la época.
Durante la colonia, existía una triangulación económica que comenzaba en la cría de mulas en la provincia de Buenos Aires, el traslado y venta o intercambio por plata en el Alto Perú (hoy Bolivia), donde eran indispensables, y yendo con esa plata metálica hacia el sur, se compraban carretas. Los viajeros armaban de regreso caravanas cargadas de yerba y tabaco, que boyaban del interior a la capital, Buenos Aires.
Estos vehículos de carga eran reutilizados luego para los viajes por las pampas de la provincia, para los nuevos pobladores o para comerciantes que redistribuían los productos, volviendo nuevamente a la capital del Virreinato con plumas y más cuero.

Ya no quedan carretas de esta época
Hoy no queda ninguna carreta de bueyes completa en los museos salvo ruedas y ejes, y la razón es muy simple. Al no haber en la pampa madera apta para la construcción, el final de la vida útil de este vehículo era ser desarmada y transformada en un rancho.
Sí existen en exposición modelos posteriores, de mayor capacidad y ruedas más altas, con llantas de metal. Estos carruajes se utilizaron en la expansión, a partir de 1823, de la frontera blanca hacia el centro-sur de la llanura pampeana.

Salutem, cives mundi.
Orlando Ampuero

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