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29 may. 2012

El Cabildo en América, último baluarte del europeo libre


Los colonos en tierras salvajes se prerrogan el derecho a autogobernarse, estableciendo en América la antigua organización municipal castellana del Cabildo.

Su origen es oscuro y feudal. En la larga y terrible lucha llamada Reconquista de los reinos cristianos descendientes de visigodos, contra los reinos moros instalados en la península, desde el siglo VIII al XV, las fronteras nunca fueron fijas por muchos años.
La doctrina del vasallaje implica el usufructo de una extensión de tierra a cambio de servicio de guerra de un señor hacia su rey. Si el control de esa tierra no es garantizado, la manutención de los soldados del noble tampoco. Por tanto, la franja que denominaríamos “tierra de nadie”, no podía ser otorgada a la nobleza hasta su total control.



Originario del Imperio Romano
Utilizando principios de colonias fundadas durante el Imperio Romano, en zonas de situación similar, en lindes al moro y trasladándose cada poco tiempo, se ubicaban una serie de colonos no sujetos a la tierra, por tanto tampoco vasallos de ningún noble, que se dedicaban generalmente al pastoreo, y defendían sus bienes y familias en persona.
Este sacrificio generalmente era en vano, pues cuando la zona que habitaban quedaba libre de peligro, se otorgaba a algún señor, y ellos debían trasladarse hacia la nueva frontera. Pero a esta libertad bien cara, la hacían valer. Ellos establecen los primeros cabildos en la Península, con los cuales se autogobiernan fuera de toda influencia feudal.
Esos cabildos pierden autonomía cuando cae Granada, la última ciudad morisca de España, y todo el territorio se pacifica.
Sin embargo, se abre una nueva frontera, mucho más prometedora e incluso menos peligrosa: América.
Unos cuantos antiguos colonos de esas tierras de nadie cruzan el Atlántico en las primeras remesas de españoles que conquistarán y colonizarán el nuevo continente, llevando consigo esas ansias de no depender de señores feudales.
En cada poblamiento de América, el fundador nombra a cabildantes entre sus compañeros de aventura, y este grupo, ahora de vecinos, establece una administración y toma de decisiones en todo el territorio que rodea a la ciudad, a veces extensiones de cientos de kilómetros, hasta la jurisdicción de la ciudad más cercana.

El Cabildo representaba a la comunidad, no al Rey
Se autogeneraba, pues sus miembros salientes nombraban a su sucesor. Se los llamaba Regidores, con duración de un año su cargo.
La Corona nunca miró con buenos ojos la existencia de estas instituciones, y siempre abogó por su desaparición, creando Audiencias y minando las elecciones de los cargos. Los cabildos devolvían el guante cuando podían. Por ejemplo, en 1655, el Cabildo de Concepción sacó de su cargo al Gobernador Acuña y Cabrera, puesto por el Rey, por no manejar correctamente la guerra de Arauco, en la Capitanía General de Chile. El Rey se quejó, pero no volvió a ponerlo en su cargo.
En los Cabildos recaló y se concentró la aristocracia local que fue creciendo en cada zona, único grupo social capacitado para actuar políticamente. Y de aquí saldrían los primeros movimientos independentistas.

El cabildo, composición y toma de decisiones
Los Cabildos se encargaban del mantenimiento del centro urbano y sus gastos, servicios públicos, cárcel y policía de la ciudad.
Distribuía a vecinos las tierras vacantes, normalizaba la edificación, el estado de los caminos, controlaba los precios y calidad de los productos, imponía gravámenes, y mantenía el culto religioso.
Pero lo más importante: en ausencia de decisiones del Rey, por su lejanía, y ante urgencias, el Cabildo se atribuía algunas muy serias, como la de elegir gobernador, tomar algunas decisiones judiciales, o aún entrar en estado de guerra
Su composición estaba dada por dos Alcaldes ordinarios, que se turnaban en atender las consultas, como poder ejecutivo, un número variable de Regidores (seis o más), quienes discutían decisiones, como poder legislativo, y un pequeño número de funcionarios auxiliares, a cargo de responsabilidades rutinarias de la población. Éstos eran el Intendente, el Fiel Ejecutor, el Procurador, el Alférez Real, el Alguacil Mayor, el Escribano y el Depositario General.

Pérdida de jurisdicción e importancia
La burocracia real se va estableciendo en el continente, minando la jurisdicción y atribuciones de los cabildos. Cuando llegan al poder los Borbones, en el siglo XVIII, y se instala un gobierno centralista de estilo francés, se otorga verdadero poder a los virreyes, representantes directos de la Corona, quitándosele casi todo el poder a los gobiernos municipales.
Los Cabildos terminan siendo sólo organismos controlados por las oligarquías locales, que actúan en consonancia con los virreyes, interviniendo sólo en interés de sus miembros.

Conclusión
Siendo la primera institución política española establecida en América, el Cabildo estableció su jerarquía desde el comienzo, permitiendo el afianzamiento y crecimiento de poblaciones totalmente aisladas unas de otras.
Esto es así hasta que su poder cede totalmente con el advenimiento de las Reformas Borbónicas, fisiocracia y centralismo mediante, casi a fines del siglo XVIII.


Salutem, cives mundi.
Orlando Ampuero

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